Hay momentos en los que una persona no sabe muy bien cómo explicar lo que le pasa, pero siente claramente que algo no va bien: ansiedad, nervios constantes, agobio, insomnio, baja autoestima, dificultad para poner límites o conflictos que se repiten en las relaciones. En esos casos, acudir a terapia puede ser el primer paso para volver a recuperar el equilibrio.
Puedo ayudarte si sientes que te cuesta confiar en ti, si te bloqueas ante decisiones importantes, si te exiges demasiado o si arrastras una sensación de malestar emocional que no terminas de entender. También si vives con preocupación constante, pensamientos obsesivos o una sensación de estar al límite.
Trabajo con personas que quieren entender por qué repiten ciertos patrones, por qué les cuesta mantener relaciones sanas o por qué ciertos conflictos terminan afectando tanto a su estado de ánimo. La terapia es un espacio para poner nombre a lo que ocurre, ordenar lo que sientes y empezar a ver soluciones reales.